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domingo, 10 de enero de 2010

Las frases de Amélie

· Una mujer sin amor es como una flor sin Sol, se marchita.

· Sin ti las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer.

· Usted nunca será una hortaliza porque incluso las alcachofas tienen corazón.

· La angustia por el paso del tiempo nos obliga a hablar del tiempo que hace.

· Son tiempos dificiles para los soñadores.

· Cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira al dedo.

· Usted no tiene los huesos de cristal, podrá soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad con el tiempo su corazón se irá volviendo seco y frágil.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un gran hombre

De momento seguimos con textos de mails. Aquí tenéis uno que dice cosas muy ciertas.

Los hombres nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad.

Un día, mi hermana lloraba en su habitación.

Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza.

Los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.

Mi padre acariciándole el rostro, le dijo:

"Hija mía, enamórate de un Gran Hombre y no volverás a llorar".

Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser ese gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces.

Con el paso de los años descubrí que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón

¡El mundo sería completamente distinto!

Aprendí que un Gran Hombre... no es aquel que compra todo lo que desea, pues somos tantos que hemos comprado con regalos el cariño y el respeto de quienes nos rodean.

Mi padre le decía:

"No te enamores de un hombre que sólo hable de sí mismo, de sus problemas, sin preocuparse por ti... enamórate de un hombre que se preocupe por ti, que sepa tus fortalezas, tus ilusiones, que conozca tus tristezas y te ayude a superarlas.

"No creas en las palabras de un hombre cuando sus actos digan lo contrario.

Aleja de tu vida a un hombre cuando éste no construya contigo un mundo mejor... él jamás se irá de tu lado porque eres su fuente de energía.

Huye de un hombre enfermo espiritual y emocionalmente, son como el cáncer, matarán todo lo que hay en ti (emocional, mental, física, social y económicamente)

"No le pongas atención a aquel hombre que no sea capaz de expresar sus sentimientos, que no se ame sanamente.

No te aferres a un hombre que no sea capaz de reconocer tu belleza interior y exterior y tus cualidades morales.

No dejes entrar a tu vida a un hombre al que le tengas que adivinar lo que quiere, porque no es capaz de decirlo abiertamente.

No te enamores de un hombre que al conocerlo, tu vida se ha convertido en un problema para resolver y no algo para disfrutar”.

“No creas en un hombre que tiene carencias afectivas de la infancia y que trata de llenarlas con la infidelidad, culpándote cuando su problema no eres tu, sino él porque no sabe que quiere de su vida, ni cuales son sus prioridades”.

¿Por qué querer a un hombre que te abandonará si no eres como el quiere que seas, o si ya no le “eres útil”?…

¿Por qué querer a un hombre que te cambiara por un cabello o un color de piel distinto, o por unos ojos claros, o por un cuerpo más esbelto?

¿Por qué querer a un hombre que no supo admirar la belleza que hay en ti, la verdadera belleza… la del corazón?

¿Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas, haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad y dándole importancia a quienes no valoran mi esfuerzo?

Me costó trabajo comprender que GRAN HOMBRE no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, coche, ni quien vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo.

Un gran hombre, es aquel ser humano transparente, que no se refugia en cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior.

Un gran hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada; es aquel que no miente aunque a veces pierda por decir la verdad… y sobre todo, un gran hombre es el que sabe llorar su dolor sin escapar a el…

Un gran hombre es el que cae y tiene la suficiente fortaleza para levantarse y seguir luchando…

Hoy mi hermana está felizmente casada, y ese Gran Hombre con quien se casó, no era ni el más popular, ni el más solicitado por las mujeres, ni mucho menos el más adinerado o el más guapo.

Ese Gran Hombre es quien simplemente nunca la hizo llorar… es quien en lugar de lagrimas le robo sonrisas…

Sonrisas por lo que han logrado juntos, por los triunfos alcanzados, por sus recuerdos lindos y por aquellos recuerdos tristes que supieron superar, por cada alegría que comparten y por los 3 hijos que llenan sus vidas.

Ese Gran Hombre ama tanto a mi hermana que daria lo que fuera por ella sin pedir nada a cambio...

Ese Gran Hombre la quiere por lo que ella es, por su corazón y por lo que son cuando están juntos.

¡Aprendamos a ser uno de esos Grandes Hombres, para que vivamos el paso de los años de la mano de una Gran Mujer y nada ni nadie nos pueda vencer!

Envío este mensaje a mis amigos "hombres", para que les toque el corazón y traten de hacer crecer a ese GRAN HOMBRE que vive dentro.

Y a mis amigas "mujeres" para que sepan escoger a ese Gran Hombre que Dios tiene para ellas.

martes, 13 de octubre de 2009

Como una elefante

Hoy recibí un correo electrónico que contenía el texto que posteriormente citaré en este post, tras leerlo atentamente me he visto reflejada con mayor claridad que en un espejo.

-No puedo -le dije -¡No puedo!
-¿Seguro?
-Si, nada me gustaría más que poder sentarme frente a ella y decirle lo que siento... Pero sé que no puedo.
El gordo se sentó a lo buda en aquellos horribles sillones azules de su consultorio. Sonrió, me miró a los ojos y,
bajando la voz como hacía cada vez que quería ser escuchado atentamente, me dijo:
-Déjame que te cuente...
Y sin esperar mi aprobación, Jorge empezó a contar.
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me
llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros
niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero
después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una
pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y,
aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con
su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro,
un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba
amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: "Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?"
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y
sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho ésta pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar
la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento,
el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca
era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que un día, un
día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...
-Así es, Damian. Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que
nos restan libertad.
Vivimos pensando que "no podemos" hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, lo intentamos
y no lo conseguimos.
Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.
Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar
liberarnos de la estaca.
Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos:
No puedo y nunca podré.
Jorge hizo una larga pausa. Luego se acercó, se sentó en el suelo frente a mí y siguió:
-Esto es lo que te pasa, Demi. Vives condicionado por el recuerdo de un Damián que ya no existe, que no pudo.
Tu única manera de saber si puedes conseguirlo es intentarlo de nuevo, poniendo en ello todo tu corazón...
¡Todo tu corazón!

Déjame que te cuente, Jorge Bucay